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Nada humano me es ajeno

miércoles, 14 de mayo de 2014

Fibromialgia: factores cerebrales de una enfermedad escondida


 Tal vez nunca hayas oído hablar de la fibromialgia. Sin embargo, seguro que cerca de ti hay alguien que sufre esta enfermedad. De hecho, según las estadísticas existen más de un millón de afectados en España. Y es que la fibromialgia es un mal con escasos signos exteriores, pero capaz de cambiar radicalmente la vida de quien lo sufre.
¿Dónde dejé yo ayer el coche? Este es el tipo de preguntas frecuente en pacientes con fibromialgia, un síndrome cuya causa no se conoce y que aparece sobre todo en mujeres. Y es que sufrir fibromialgia es mucho más que sentir un dolor crónico generalizado, su característica principal. Encontrarse extremadamente cansado, tener insomnio y presentar síntomas de ansiedad y depresión forma parte de este complejo cuadro clínico. Uno puede imaginar que afrontar un nuevo día es todo un reto para aquellos que la padecen.
Sin embargo, no todo queda ahí. Los pacientes suelen quejarse de olvidar dónde han puesto las gafas, de no poder concentrarse al leer o de notar que sus palabras no salen con facilidad. Sus mentes no funcionan como antes y eso afecta a su calidad de vida, impidiéndoles trabajar o disfrutar de su tiempo libre.
Según diferentes expertos de la Universidad de Michigan, en la fibromialgia aparece lo que se ha llamado ?discognición'. Son claros los problemas en la memoria de trabajo, una capacidad por la que mantenemos y manipulamos simultáneamente distintas informaciones en la mente, como al hacer un cálculo mental. También tienen dificultades en la memoria episódica, que nos permite recordar dónde guardamos las llaves o con quién salimos el fin de semana pasado. En ambos casos, la alteración aparece porque hay distintas informaciones que compiten por la atención disponible y donde hay que evitar distracciones. Otra de las quejas más frecuentes es la dificultad para encontrar palabras cuando conversan con otras personas. En este sentido, parece que son más lentos al acceder a la información de la memoria semántica. Recientemente se ha descrito que estos pacientes, además, tienen dificultades para tomar decisiones, un aspecto central de las llamadas funciones ejecutivas.

Un cerebro diferente

La ciencia ha demostrado que a nivel cerebral, en pacientes que sufren fibromialgia, existe una reducción en el volumen de la sustancia gris de la corteza prefrontal correlaciona con un peor rendimiento en test de memoria de trabajo. Un estudio con resonancia magnética funcional ha descrito que las zonas cerebrales que forman la red de atención e inhibición de distractores se activan menos en estos pacientes.
Pero, ¿qué hacer con esos olvidos y despistes cotidianos? Es sorprendente que, a pesar de los resultados científicos, apenas existan intervenciones destinadas a poner remedio a este tipo de síntomas. Desde la Neuropsicología pueden desarrollarse programas de entrenamiento cognitivo dirigidos a reforzar esas capacidades afectadas. Uno no debe conformarse. Realizar ejercicios o juegos que estimulen la concentración, el aprendizaje, el cálculo y otros procesos mentales ha demostrado ser una buena forma de mantener activo el cerebro. Otras iniciativas de carácter innovador utilizan el tratamiento con neurofeedback, arrojando un halo de optimismo en el tratamiento de algunos de los síntomas de esta enfermedad.

jueves, 8 de mayo de 2014

LA DONACIÓN PURA


El dar más alto en las criaturas lleva consigo gratuidad y libertad.
Un perro puede dar un mordisco, pero lo da obligado por su instinto y con el interés de defenderse.
El dar propiamente dicho es una actividad personal, pues sólo las personas pueden dar libremente y gratuitamente.
Y las donaciones personales más profundas (como son la transmisión de la vida, del conocimiento o del amor) son sin pérdida.
No se pierden ni disminuyen al comunicarlas.
El dar es la actividad perfecta y pura.
¿Y el dar supremo o dar divino?
El dar supremo no es una actividad distinta del ser, entender y amar supremos.
El dar pleno o puro es la integración de tres ingredientes personales, el donante, el aceptador y el don, que en el dar supremo son las actividades supremas, aquéllas que son sin pérdida: ser, entender y amar.
En efecto, cuando se da el ser (los padres que dan la vida) no se pierde el ser; cuando se enseñan las matemáticas, no las perdemos y cuando damos nuestro amor, ganamos amor.
Los tres ingredientes del dar supremo son pues tres actividades sin pérdida:
la actividad suprema donante (ser),
la actividad suprema acogedora (entender)
y la actividad suprema sobrante (amar).
El dar supremo es lo común a esas tres actividades supremas, mejor dicho, el origen de las tres actividades, que no es otra cosa que la comunión o congruencia real de las tres actividades incondicionales o supremas.
El ser da, el entender da, el amar da.

miércoles, 16 de abril de 2014

Federico García Lorca: Semana Santa en Granada


  El viajero sin problemas, lleno de sonrisas y gritos de locomotoras, va a las fallas de Valencia. El báquico, a la Semana Santa de Sevilla. El quemado por un ansia de desnudos, a Málaga. El melancólico y el contemplativo, a Granada, a estar solo en el aire de albahaca, musgo en sombra y trino de ruiseñor que manan las viejas colinas junto a la hoguera de azafranes, grises profundos y rosa de papel secante que son los muros de la Alhambra. A estar solo. En la contemplación de un ambiente lleno de voces difíciles, en un aire que a fuerza de belleza es casi pensamiento, en un punto neurálgico de España donde la poesía de meseta de San Juan de la Cruz se llena de cedros, de cinamomos, de fuentes, y se hace posible en la mística española ese aire oriental, ese ciervo vulnerado que asoma, herido de amor, por el otero.

A estar solo, con la soledad que se desea tener en Florencia; a comprender cómo el juego de agua no es allí juego como en Versalles, sino pasión de agua, agonía de agua.

O para estar amorosamente acompañado y ver cómo la primavera vibra por dentro de los árboles, por la piel de las delicadas columnas de mármoles, y cómo suben por las cañadas arrojando a la nieve, que huye asustada, las bolas amarillas de los limones.

El que quiera sentir junto al aliento exterior del toro ese dulce tictac de la sangre en los labios, vaya al tumulto barroco de la universal Sevilla; el que quiera estar en una tertulia de fantasmas y hallar quizá un vieja sortija maravillosa por los paseíllos de su corazón, vaya a la interior, a la oculta Granada. Desde luego, se encontrará el viajero con la agradable sorpresa de que en Granada no hay Semana Santa. La Semana Santa no va con el carácter cristiano y antiespectacular del granadino. Cuando yo era niño, salía algunas veces el Santo Entierro; algunas veces, porque los ricos granadinos no siempre querían dar su dinero para este desfile…

En una casa de la calle de la Colcha, que es la calle donde venden los ataúdes y las coronas de la gente pobre, se reunían los "soldaos" romanos para ensayar. Los "soldaos" no eran cofradía, como los jacarandosos "armaos" de la maravillosa Macarena. Eran gente alquilada: mozos de cuerda, betuneros, enfermos recién salidos del hospital que van a ganarse un duro. Llevaban unas barbas rojas de Schopenhauer, de gatos inflamados, de catedráticos feroces. El capitán era el técnico de marcialidad y les enseñaba a marcar el ritmo, que era así: "porón..., ¡chas!", y daban un golpe en el suelo con las lanzas, de un efecto cómico delicioso. Como muestra del ingenio popular granadino, les diré que un año no daban los "soldaos" romanos pie con bola en el ensayo, y estuvieron más de quince días golpeando furiosamente con las lanzas sin ponerse de acuerdo. Entonces el capitán, desesperado, gritó: "Basta, basta; no golpeen más, que, si siguen así, vamos a tener que llevar las lanzas en palmatorias», dicho granadino que han comentado ya varias generaciones.

Yo pediría a mis paisanos que restauraran aquella Semana Santa vieja, y escondieran por buen gusto ese horripilante paso de la Santa Cena y no profanaran la Alhambra, que no es ni será jamás cristiana, con tatachín de procesiones, donde lo que creen buen gusto es cursilería, y que sólo sirven para que la muchedumbre quiebre laureles, pise violetas y se orinen a cientos sobre los ilustres muros de la poesía. 

Granada debe conservar para ella y para el viajero su Semana Santa interior; tan interior y tan silenciosa, que yo recuerdo que el aire de la vega entraba, asombrado, por la calle de la Gracia y llegaba sin encontrar ruido ni canto hasta la fuente de la plaza Nueva. 

Porque así será perfecta su primavera de nieve y podrá el viajero inteligente, con la comunicación que da la fiesta, entablar conversación con sus tipos clásicos. Con el hombre océano de Ganivet, cuyos ojos están en los secretos lirios del Darro; con el espectador de crepúsculos que sube con ansias a la azotea; con el enamorado de la sierra como forma sin que jamás se acerque a ella; con la hermosísima morena ansiosa de amor que se sienta con su madre en los jardinillos; con todo un pueblo admirable de contemplativos, que, rodeados de una belleza natural única, no esperan nada y sólo saben sonreír.

El viajero poco avisado encontrará con la variación increíble de formas, de paisaje, de luz y de olor la sensación de que Granada es capital de un reino con arte y literatura propios, y hallará una curiosa mezcla de la Granada judía y la Granada morisca, aparentemente fundidas por el cristianismo, pero vivas e insobornables en su misma ignorancia.

La prodigiosa mole de la catedral, el gran sello imperial y romano de Carlos V, no evita la tiendecilla del judío que reza ante una imagen hecha con la plata del candelabro de los siete brazos, como los sepulcros de los Reyes Católicos no han evitado que la media luna salga a veces en el pecho de los más finos hijos de Granada. La lucha sigue oscura y sin expresión...; sin expresión, no, que en la colina roja de la ciudad hay dos palacios, muertos los dos: la Alhambra y el palacio de Carlos V, que sostienen el duelo a muerte que late en la conciencia del granadino actual.

Todo eso debe mirar el viajero que visite Granada, que se viste en este momento el largo traje de la primavera. Para las grandes caravanas de turistas alborotadores y amigos de cabarets y grandes hoteles, esos grupos frívolos que las gentes del Albaicín llaman "los tíos turistas", para ésos no está abierta el alma de la ciudad.

jueves, 27 de marzo de 2014

Personalidad creativa




“Una persona que nunca ha cometido un error nunca intenta algo nuevo.”

El ser creativo es optimista; cuando ve un vaso con agua medio vacío, prefiere pensar en que está medio lleno. En cambio, el punto de vista negativo considera el  vaso medio vacío. La imaginación desempeña un papel muy importante en la forma en que vemos las cosas. Las personas optimistas se centran en lo que es bueno para desarrollarlo en algo positivo. Lo que llamamos suerte consiste, por lo general, en convertir en consciente una oportunidad o un nuevo significado en una situación, con una actitud que favorece la acción para lograr los "objetivos.'

Las características de las personas creativas, entre otras,  son las siguientes:

Flexibles: Van más allá de lo obvio, diferente e inusual.

Fluidos: Generan muchas ideas en torno de un problema.

Elaborativos: Expanden el trabajo con grandes detalles, ideas y soluciones.

Tolerantes: Toleran conflictos sin tensión.

Originales: Van más allá de las ideas comunes.

Sensitivos: Son conscientes de sus intereses y de los de otros.

Inquisitivos: Tienen la capacidad de jugar, el deseo de conocer más y están abiertos a nuevas ideas y experiencias.

Independientes: Piensan por sí mismos, toman decisiones. Reflexionan Consideran y evalúan sus ideas y las de otros.

Activos: Traducen sus ideas en acciones.

Concentrados: Trabajan a conciencia, consistentemente y con profunda atención.

Persistentes: Actúan con determinación y no se dan por vencidos fácilmente.

Comprometidos: Se preocupan y se involucran profundamente.

Sentido del humor: Usan el buen humor para mantener el equilibrio en la vida.

La persona creativa es un ser que tiene fe, que posee la capacidad de creer, de sentir pasión por la vida y por lo que hace. Es perseverante, y frente a las frustraciones encuentra el camino para seguir adelante; busca el sentido de las cosas y qué aprendizaje le dejan, ya sea en lo positivo o en lo negativo. Cree en la vida y en la trascendencia. Se preocupa y ocupa de su ser y del de los demás; tiene un sentido de vida. Aprovecha su potencial y su energía para vivir y crear; toma conciencia del tiempo, del aquí y el ahora en lo finito que es él y en el compromiso que tiene consigo mismo y con los demás.

martes, 18 de marzo de 2014

¿Hasta dónde el poder del Estado?


No discutimos que el Estado sea necesario, vaya eso por delante. De hecho, si alguien se tomase la molestia de preguntarnos, vería para su sorpresa que sin coacción estaríamos también dispuestos a renunciar a parte de nuestros derechos y nuestros bienes, como de hecho hacemos hoy obligados por ley, para permitir la existencia de un Estado que promueva la ley y el orden. Pero de una posible renuncia resignada y dolorosa para que exista el Estado como instrumento orientado al desarrollo del bien común, hoy se vive la creencia, que en ocasiones roza la idolatría, de que el papel del Estado es también solucionar todos los problemas a los que nos enfrentamos como sociedad. Ante cualquier situación de crisis o problemática miramos confiados al Estado esperando que nos diga, que haga algo. Si el problema es el paro, no se espera del Estado que con los poderes coercitivos que detenta y que previamente nos ha quitado, facilite y no sea un impedimento para que todos nosotros seamos capaces de crear empleo. Le atribuimos al Estado la mismísima capacidad de crear empleo, más allá de la contratación de nuevos funcionarios. No buscamos a los posibles empleadores, grandes o pequeños, para que creen empleo. Miramos al Estado para que se saque de la chistera una política económica que obre el milagro. Y objetivamente el Estado solo sabe hacer una cosa en materia de política económica: gastar (cuando no malgastar) el dinero de los contribuyentes. 

 ¿Nos sentimos más a gusto confiando en las promesas de nuestros gobernantes, no importa lo disparatadas que puedan ser, que asumiendo nuestras responsabilidades? Si esto es así, puede que a la "idolatría del Estado" se le pida aún más, que sea como un "dios" omnipotente que todo lo puede sin más limitación que su voluntad. Hoy la sociedad parece creer que al Estado le es posible darnos bienes y servicios sacados de la nada, sin que le cueste nada a nadie.  Abandonándose confiadamente en el Estado providente, esta irrealidad sería posible. 

 Los que están en el poder saben de estas creencias, y las alimentan para seguir extendiendo el intervencionismo estatal.

 Algo a cambio de nada, o al menos que será uno el que se beneficie de la “magnanimidad” del Estado en detrimento del resto, es una idea muy sugestiva y, por tanto, difícil de desarraigar una vez que ha prendido. Pero si el conjunto de la sociedad llegase a comprender que no es posible para nadie, por mucho poder político que pueda tener, conseguir algo a cambio de nada, que cualquier gasto en que incurra el Estado es a costa de otros proyectos que no podrán realizarse; que los recursos limitados que absorbe el Estado salen de los bolsillos de los verdaderos emprendedores para ir hacía donde quiere el Estado (generalmente acompañado de ineficiencias y corrupción), los gobiernos democráticos tal y como los conocemos hoy se irían reduciendo progresivamente hasta quedar limitados a proteger la ley y el orden, bajo fuertes controles democráticos, y una división efectiva y eficaz de poderes.

La creencia en la omnipotencia y providencia del Estado está hoy tan fuertemente arraigada que, en general, podemos decir que la sociedad no ve un valor importante la libertad de los individuos y de sus asociaciones intermedias frente al Estado. La sociedad civil, como contrapoder frente al Estado y al mercado del que  habla Benedicto XVI en su encíclica “Caritas in Veritate”, se ve adormecida. Se prefiere la seguridad que promete el intervencionismo estatal omnipresente a asumir las responsabilidades de las decisiones que debe tomar cada uno para salir adelante. Esto es un caldo de cultivo perfecto para el triunfo de gobiernos populistas, dispuestos a prometer todo lo que una sociedad en graves dificultades desee oír, aunque claramente sea imposible.

martes, 11 de marzo de 2014

70 años del genocidio comunista



El día que Stalin borró del mapa a dos grupos étnicos
Más de 200.000 ingushetios y chechenos murieron por rechazar someterse a la doctrina comunista.
El periodo transcurrido entre el 23 de febrero y 12 de marzo de 1944 fue, sin duda alguna, uno de los episodios más oscuros del comunismo. Hace 70 años, el régimen de Stalin llevó a cabo la deportación de todo el pueblo ingush y checheno, durante la cual murieron más de 200.000 personas.


El 3 de marzo, la República Autónoma Socialista Soviética de Chechenia-Ingushetia oficialmente dejó de existir. Toda referencia a esta república y a su población fue eliminada de las enciclopedias y las mapas oficiales. Ingushetios y chechenos fueron borrados de la tierra de sus antepasados, y los que sobrevivieron la deportación, fueron trasladados a Siberia y a regiones remotas de Kazajistán, Uzbekistán y Kirguistán.


 Acusados de colaborar con los nazis.

Entre los pretextos que se esgrimían para la deportación destacaba la supuesta colaboración de estos dos pueblos con la Alemania nazi. Sin embargo, las autoridades soviéticas no aportaron ninguna prueba de ello. Además, durante la Segunda Guerra Mundial, unos 40.000 chechenos combatieron en el Ejército rojo, pero cuando Stalin dio la orden de deportación, ellos fueron enviados a los gulag siberianos.
ERTISEMENT


Por eso, varios historiadores aseguran que la verdadera razón de la deportación masiva de estos dos pueblos era su rechazo a la doctrina comunista, porque ésta quería acabar con sus señas de identidad y su modo de vida. En este sentido, el historiador estadounidense Norman Naimark afirma que con su deportación masiva en distintos lugares de Siberia y Asia Central, Stalin quería dispersar a estos dos pueblos para acabar de una vez con sus rebeliones y desobediencia.

Deportados en vagones de ganado.

Curiosamente, la deportación comenzó el 23 de febrero, el día del Ejército Rojo. Aquel día, en cada pueblo y ciudad de la república autónoma fueron convocados los hombres en los edificios locales de los Soviet donde, en lugar de conmemorar una de las fiestas de la URSS, se les anunció que en cuestión de minutos serían deportados por colaborar con los nazis. Los habitantes de la república disponían de 15 minutos para recoger sus pertenencias, después de lo cual fueron transportados en camiones hasta las estaciones de ferrocarril más próximas, donde fueron encerrados en vagones de ganado.

Los ancianos y las mujeres embarazadas fueron asesinados, porque se consideraba que requerirían mucho esfuerzo para su transporte y que solo ralentizarían el proceso de deportación. Se estima que durante el viaje, que continuó varias semanas, más de 100.000 personas murieron de hambre, frío y de enfermedades infecciosas. Los familiares de los fallecidos ni siquiera tenían la posibilidad de enterrarlos, ya que los soldados comunistas arrojaban los cadáveres al lado de las vías del tren para no perder tiempo.

Una vez completado el proceso de la deportación, chechenos e ingushetios fueron esparcidos en distintos lugares de Kazajistán, Kirguistán y Uzbekistán donde, entre 1944 y 1948, murieron al menos 80.000 personas a causa de las condiciones inhumanas en las que tuvieron que vivir. Además, las autoridades comunistas habían prohibido a la población local ayudar a los recién llegados.

La masacre de Khaibakh.

El pueblo de Khaibakh estaba enclavado en una zona montañosa de difícil acceso, por lo cual a los soldados rusos se les ordenó que se deshicieran de sus habitantes. Dziyaudin Malsagov, uno de los soldados comunistas presentes en Khaibakh , recordaría años más tarde que más de 700 mujeres, niños y ancianos, fueron encerrados en un establo en Khaibakh. " Cerramos el establo y luego lo encendimos. Se escuchaban muchos gritos de mujeres y niños, e incluso algunos consiguieron abrir la puerta. Entonces recibimos la orden de disparar a los que intentaban salir, de manera que la puerta se quedó bloqueada por sus cadáveres y los demás murieron quemados vivos".

Lavrenty Beria y sus soldados de los servicios secretos de la NKVD fueron los responsables de la deportación y de las matanzas, y por su defensa del ideal comunista en la república autónoma fueron condecorados con medallas por las autoridades soviéticas.

13 años de exilio.

El 25 de febrero de 1956, el nuevo dirigente de la URSS, Nikita Jrushchov, aseguró que "la deportación de todos los chechenos e ingushetios" y sus "ejecuciones sin previo juicio" "no contribuyó a reforzar la unidad del Partido".

El entonces Primer Secretario del PCUS reconoció, además, que "estas deportaciones no podían justificarse por consideraciones de orden militar".La ruptura de Jrushchov con el estalinismo hizo posible que un año más tarde, en enero de 1957 se permitiera a los chechenos e ingushetios volver a sus casas.

En 2004, el Parlamento Europeo aprobó una moción que reconocía las atrocidades comunistas en Chechenia e Ingushetia como un genocidio.


domingo, 9 de marzo de 2014

¿QUIERES APORTAR ALGO A LOS QUE TE RODEAN?


Hay actitudes personales que pueden dañar nuestras relaciones o ayudarnos a profundizar en ellas. Si queremos mantener relaciones positivas en nuestra vida, alejémonos de estas actitudes negativas:
1) Ser rencorosa/o: el rencor y el odio son un obstáculo para la felicidad.
2) Deja de quejarte: en su lugar, utiliza tu tiempo y energía para hacer algo al respecto.
3) Deja de adivinar las intenciones de las personas: la gente no puede leer la mente.
4) No te creas el centro de atención: el mundo gira alrededor del sol, no de ti.
5) Deja de mentir: a largo plazo, la verdad siempre se revela.
6) Deja de culpar: culpando a otros no se logra nada, solo niegas tu responsabilidad.
7) No seas incrédulo: si piensas que no puedes conseguir algo, quizá estés en lo cierto. Pero no dejes que tus dudas interfieran con los sueños de otras personas. Recuerda, “el que dice que no se puede hacer no debe interrumpir al que lo está haciendo.”
8) Deja de interrumpir: las relaciones se basan en una comunicación fluida.
9) Deja de ser egoísta.
10) Deja de juzgar: todo el mundo está luchando su guerra propia y única. No tienes ni idea por lo que están pasando y viceversa.
11) Deja de estar a la defensiva: el hecho de que alguien tenga un punto de vista diferente no significa que ninguno de los dos esté equivocado. Mantén una mente abierta. Las mentes abiertas pueden descubrir grandes cosas.
12) Dejar de comparar a las personas: no hay dos personas iguales. Cada uno tiene sus propias fortalezas. Sólo estamos compitiendo contra nosotros mismos.
13) Deja de esperar que la gente sea perfecta: lo perfecto es enemigo de lo bueno. La genuina “bondad” es difícil de encontrar en este mundo.
14) Deja de hacer una montaña de un grano de arena: una forma de comprobar si hay algo que vale la pena seguir dándole vueltas es hacerse esta pregunta: “¿Será este asunto dentro de 5 años tan importante para mí?” Si la respuesta es no, entonces no vale la pena preocuparse.
15) Deja de ser dramática/o: trata de mantenerte fuera del teatro de otras personas y no crees uno propio.